Archivo de la Categoría “El arte de las flores”


Para tener una idea, y poder entender este tipo especial de jardines, se puede decir que un jardín japonés es geográficamente, el archipiélago de islas que componen a Japón, es el paisaje japonés casi en escala.  Los sintoístas le otorgan una visión del cosmos a este concepto, donde el mar representa al vacío, y las islas son los objetos que lo rellenan. Pero para elaborar un jardín japonés no hay que pensar en un mar basto, sino en entrelazamientos, en agua que fluye entre islas. Las islas son elementos importantes, y se representan con rocas, con ellas tambien se representan las montañas, todo esto en el vacío, que es lo que representa al mar.

Estos jardines surgen tempranamente en la historia de Japón, en el Período Heian, el último de la época clásica japonesa, que se destaca por su arte (principalmente en lo que es literatura y poesía), y aparentemente el concepto de estos jardines es traído desde China.  Fue tal su difusión durante las eras y períodos siguientes, que lo podemos encontrar en la actualidad en casas privadas, templos budistas, parques, capillas sintoístas y en antiguos castillos o viviendas. De entre los diferentes tipos de jardines japoneses destacan los jardines Zen, que son los más famosos en Occidente, por la gran difusión de esta cultura.

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El Ikebana es una nueva y original propuesta de arreglo floral, que por su buen gusto y clase, es ideal para un lugar especial en nuestro hogar, ultimamente son muy solicitados por los encargados de organizar Eventos y Recepciones de gerencias de bancos y grupos económicos, tambien podemos apreciarlos en la decoración de altares, estudios de abogados, salas de espera de médicos, decoración de vitrinas, conventos…  Las novias prefieren estos bellos diseños en combinacion de iris, casablanca y tulipanes.

Un ikebana se realiza siempre in situ, en el lugar en el que va a estar, no se pueden transportar.  Están hechos para un espacio específico, en una estación del año específica, para unos invitados concretos y en un estado de ánimo concreto.  Son siempre únicos y efímeros, no se pueden coleccionar como los bonsais.

Un ikebana tiene siempre, por su naturaleza, un frente y una espalda, no están hechos para estar en el centro de una habitación.  Su función no es llamar la atención, ni adornar, están ahí para elevar nuestro espíritu y conducirnos a la reflexión.

A diferencia de los arreglos occidentales, el espacio más importante en un ikebana es precisamente los huecos que separan las distintas líneas que lo componen.  Es el espacio vacío el que da equilibrio a la composición.  Un ikebana ha de ser siempre algo incompleto y ligeramente imperfecto,  porque la perfección eres tú quien la crea en tu cabeza, es en tu imaginación donde ha de completarse el ikebana.

Cada Ikebana es diseñado en forma exclusiva,  adaptándose al gusto y personalidad de cada persona.  Todos amamos las flores, pero para el ikebana las flores no sólo son bellas, sinó que reflejan el pasar del tiempo y los cambios en nuestro corazón.

Practicando el Ikebana uno se tranquilizam, se relaja, nos ayuda a vivir “el momento” y a apreciar las cosas de la naturaleza que hasta el momento nos habían parecido insignificantes.

El ikebana puede ayudarnos a identificarnos con la belleza en todas sus formas y siempre esperar lo mejor de uno misma.  Es el arte oriental milenario que rinde culto a la naturaleza.

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El recinto donde se desarrolla el aprendizaje siempre ha sido considerado como algo especial.  Allí reina el silencio, a lo más un poco de música Zen que calma y armoniza los sentidos.

Las ramas y útiles para trabajar, deben ser tratados con sumo cuidado y delicadeza, ya que realizar un arreglo de Ikebana es entrar en una ceremonia, y ésta comienza desde que se penetra en el recinto.  Es muy importante no tener prisa, frenar la ansiedad de querer ver ya la obra concluida.

El discípulo de Ikebana se sienta delante de las flores y comienza a trabajar realizando gestos y actos precisos; poco a poco se sumerge en lo más hondo de sí mismo con la única y firme intención de unirse con el propio corazón de la flores, que no es otro que el Corazón Universal, como dicen los Maestros japoneses.  La flor o rama no es sólo un elemento decorativo, es un ser vivo que debe recibir de nosotros el mayor cuidado.  El Maestro, que sabe si esta interrelación se produce o no, acepta o rechaza el arreglo floral una vez que el discípulo lo considera terminado.

Una de las condiciones fundamentales del Ikebana es el silencio, la concentración; eso nos hace aprender a disponer las flores con calma interna.  Además de todo esto el discípulo también debe aprender a ser humilde y aceptar cuantas veces el Maestro rechace su trabajo, pues sólo a través de la humildad verdadera se toma conciencia de los errores, y el corazón del estudiante, libre de engaños, puede comprender las enseñanzas y encaminarse poco a poco hacia la perfección.

El Ikebana nos enseña, a través de las flores, cómo debemos afrontar la vida en su totalidad, pues un verdadero Camino Espiritual siempre abarca todas las facetas del hombre.

He aquí las palabras de un Maestro de Ikebana:

• El hombre y las plantas son mortales y cambiantes, el significado y la esencia del arreglo floral son eternos.
• Debe buscarse la forma exterior desde lo interior.
• Carece de importancia el material que se emplee. El mero pensamiento recto conduce a la perfección, ofreced vuestro sacrificio teniendo esto presente.
• La belleza unida a la virtud es poderosa.
• La belleza sola no conduce a nada, sólo se perfecciona en conjunción con el sentimiento verdadero.
• El adecuado manejo de las flores refina la personalidad.
• Dirigid vuestra casa con quietud interior, autocontrol y justicia.
• No seáis negligentes ni en vuestro hogar ni en vuestra profesión.
• Cultivad la amistad con sinceridad y sentimientos puros.

(Extracto clase Peruano Japones)

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Ese arte milenario y depurado que los japoneses llaman Ikebana significa algo así como ‘flores vivientes’. Se trata desde luego de algo más que de hacer sencillos arreglos florales.

El espíritu, la forma, el ritmo vital y la mitología son los cuatro elementos esenciales que han dado lugar a ese arte del trato de las plantas y sus partes.  Arte que, en su peculiaridad exclusiva y en las estrictas leyes centenarias que obedece, es, por un lado, único en el mundo, y por el otro, transciende y llena a todo un pueblo.

En la más humilde cabaña del Japón se hallan todavía esas composiciones florales que tanto nos fascinan y cuyo sentido nos era hace apenas media generación totalmente indescifrable.  ¿En qué consisten pues esas leyes por las que se rige el Ikebana?

 Para citar unos términos asequibles, diremos que el arte del Ikebana es una combinación de mitología y estética:  “La fe expresada por la forma y El espíritu por la belleza”.

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